Miomatosis uterina
Los miomas son el tumor benigno más frecuente del útero y muchas mujeres los tienen sin saberlo. La pregunta correcta no es cuánto miden, sino dónde están.
Un mioma es un crecimiento benigno del músculo del útero. Benigno quiere decir que no es cáncer y que no se convierte en cáncer, algo que conviene decir de entrada porque es el primer miedo que aparece cuando aparece la palabra tumor.
Son muy comunes. Una proporción importante de las mujeres los tiene en algún momento de su vida, y en muchos casos no producen ningún síntoma ni requieren tratamiento alguno.
La miomatosis uterina y la microcirugía reproductiva son, además, dos de los temas sobre los que escribo e investigo, y eso me ha dejado una convicción: en miomas se opera de más.
Esta es la idea central del artículo. Dos miomas del mismo tamaño pueden tener efectos completamente distintos sobre la fertilidad según dónde estén creciendo.
Por eso un mioma submucoso de dos centímetros puede importar más que uno subseroso de ocho. Y por eso el primer paso no es medir, sino ubicar bien.
Un ultrasonido transvaginal detecta los miomas y da una primera idea de su posición. Cuando el objetivo es buscar embarazo, conviene ir un paso más allá para saber con certeza si la cavidad está deformada.
Ahí entran estudios como el ultrasonido con infusión de solución salina o la histeroscopía diagnóstica, que permite ver la cavidad por dentro. Es un procedimiento breve y de consultorio, y muchas veces cambia por completo la decisión.
La resonancia se reserva para úteros con muchos miomas o para planear una cirugía compleja.
La cirugía de miomas —la miomectomía— no es inocua. Deja una cicatriz en el útero, puede generar adherencias y en algunos casos obliga a esperar varios meses antes de intentar el embarazo. Todo eso hay que ponerlo en la balanza.
Suele haber indicación clara cuando el mioma deforma la cavidad, cuando provoca sangrado abundante que causa anemia, cuando hay dolor o compresión significativos, o cuando ya hubo fallas de implantación o pérdidas repetidas sin otra explicación.
En cambio, un mioma pequeño, intramural, que no deforma la cavidad y no da síntomas, muchas veces se vigila y no se opera. Operarlo no mejora las probabilidades y sí añade riesgo.
La mayoría de las mujeres con miomas cursa un embarazo sin complicaciones. Algunos miomas crecen durante los primeros meses por el estímulo hormonal y después se estabilizan.
Lo que sí requiere vigilancia es un mioma grande o mal ubicado, por su posible relación con dolor, presentación anómala del bebé o con la vía de nacimiento. Es parte del control prenatal, no un motivo de alarma por sí mismo.
Un mioma no se opera durante el embarazo salvo situaciones excepcionales.
Preguntas frecuentes
No todos. Los que deforman la cavidad del útero, llamados submucosos, sí pueden dificultar la implantación. Los que crecen hacia afuera rara vez interfieren. La ubicación del mioma importa más que su tamaño.
Los miomas son tumores benignos y no se transforman en cáncer. El cáncer de músculo uterino existe, pero es una entidad distinta y muy poco frecuente. Un crecimiento rápido o inusual sí amerita valoración.
No. Se opera cuando deforman la cavidad, cuando causan sangrado abundante con anemia, cuando hay dolor o compresión importantes, o cuando ya hubo fallas de implantación o pérdidas repetidas sin otra causa. Un mioma pequeño que no deforma la cavidad suele vigilarse.
Depende de qué tan profunda haya sido la cirugía en la pared del útero. El plazo se define en cada caso, y se explica antes de operar junto con la vía de nacimiento que se recomendará después.
Algunos crecen en los primeros meses por el estímulo hormonal y después se estabilizan. La mayoría de las mujeres con miomas cursa un embarazo sin complicaciones, con vigilancia normal dentro del control prenatal.
La respuesta depende de dónde está, no de cuánto mide. Vale la pena revisarlo antes de tomar una decisión.