Primeros pasos
La regla general es un año de búsqueda si tienes menos de 35 años, y seis meses si tienes 35 o más. Pero hay seis situaciones en las que esperar ese tiempo es perder tiempo.
La recomendación internacional es clara: una pareja sin problemas conocidos que tiene relaciones sin protección logra el embarazo en el primer año en alrededor de ocho de cada diez casos. Por eso el punto de corte son doce meses.
Ese número no sale de la nada. Sale de observar que la mayoría de los embarazos ocurren en los primeros meses, y que después de un año la probabilidad mensual de lograrlo por cuenta propia baja lo suficiente como para que valga la pena estudiar qué está pasando.
A partir de los 35 años el plazo se reduce a seis meses. No porque a esa edad deje de ser posible, sino porque el tiempo empieza a pesar más y esperar otro semestre tiene un costo real.
Hay situaciones en las que el reloj de los doce meses no aplica, porque ya hay un dato que sugiere dónde puede estar el problema. En esos casos acudir antes no es exagerar: es ahorrar meses.
Si te reconoces en alguno de estos puntos, una valoración temprana no significa empezar un tratamiento. Significa tener el mapa antes de seguir caminando.
Mucha gente pospone la cita por lo que imagina que va a ocurrir ahí. La realidad suele ser menos aparatosa: se revisa tu historia, se ven los estudios que ya tengas y se hace un ultrasonido en el mismo consultorio.
De ahí sale un plan: qué falta estudiar, qué se puede descartar y cuáles son las opciones reales. En una parte de los casos el problema resulta ser algo puntual y corregible —la ovulación, la tiroides, un pólipo— y no hace falta ningún tratamiento de reproducción asistida.
Puedes leer el detalle de qué incluye en la página de la cita de fertilidad.
Cerca de la mitad de los casos de infertilidad tienen un factor masculino involucrado, solo o combinado con uno femenino. A pesar de eso, sigue siendo común que se estudie a fondo a la mujer durante meses antes de pedir la primera espermatobioscopía.
Es un estudio sencillo, no invasivo y barato comparado con casi cualquier otro del proceso. Pedirlo desde el principio evita que se pierda medio año buscando en el lugar equivocado.
No significa que tengas un problema. Una parte de las parejas que acude simplemente se lleva la tranquilidad de saber que todo está bien y que solo necesitan más tiempo.
No significa que vayas a salir con un tratamiento asignado. El diagnóstico va primero, y el tratamiento sale de ahí.
Y no significa que hayas fallado en nada. Buscar respuestas también es avanzar.
Preguntas frecuentes
Un año si tienes menos de 35 años y seis meses si tienes 35 o más. Ese plazo se acorta si hay ciclos irregulares, pérdidas de embarazo repetidas, endometriosis, cirugías pélvicas previas o un antecedente masculino conocido.
No, sobre todo si tienes 35 años o más, o si hay alguna señal de alerta. Una valoración temprana no obliga a iniciar ningún tratamiento; sirve para saber dónde estás parada antes de que el tiempo cuente en contra.
Lleva los que ya tengas, aunque tengan tiempo: análisis de sangre, ultrasonidos, histerosalpingografía y la espermatobioscopía de tu pareja. Muchas veces no hace falta repetir nada.
No. Una parte de los casos se resuelve corrigiendo algo puntual, como la ovulación o un problema de tiroides. La fertilización in vitro es una opción entre varias, y se indica solo cuando el diagnóstico la justifica.
No es empezar un tratamiento. Es entender qué está pasando y saber cuáles son tus opciones reales.